Discriminación: mujer, mamá y desempleada.
Por
Agustina González
Malena Poncelas tiene 34 años, es mamá de un nene de un año de edad y una nena de cinco. Padece una búsqueda desesperante: tener trabajo.
La
situación laboral actual es difícil para todos, ya seas hombre, joven, adulto o
adulta, profesional o amateur es difícil conseguir un empleo que te permita
vivir dignamente. Pero la situación de las mujeres con respecto al mundo del
trabajo es un tanto más compleja.
El caso de
Malena no es aislado, las mujeres están sujetas a cobrar no sólo sueldos más
bajos que los varones sino también a sufrir la discriminación por haber parido
hijes o por estar en edad fértil.
Malena
volvió a su trabajo en una gerenciadora odontológica luego de haber extendido
su licencia a nueve meses. Volvió con miedo. “En el horario de almuerzo hablaba
con mis compañeras y les decía que estaba completamente segura de que me iban a
despedir”, dijo y agregó “es que no era la primera vez, cuando volví de la
licencia por maternidad de mi hija mayor, me despidieron”.
Al cabo de
unas horas, llego el momento del despido. “Me dijeron que no tenía nada que
ver, que no era por la licencia, que no era por el horario de lactancia, pero
no me dijeron causales tampoco. No saludé a nadie, agarré mis cosas y me fui
llorando”, comentó.
Una hora y
media de viaje tenía hasta su casa. Se fue compungida. Era la segunda vez que
la despedían por el simple hecho de ser madre. “No sólo pensé en mis hijos,
pensé en la mujer que había contratado para que los cuide. Pensé en que ahora,
éramos dos mujeres las desempleadas”. Malena deja el mate sobre la mesa y se
prende un cigarrillo.
Al cabo de
unos días empezó una búsqueda incesante. Malena tenía que trabajar, con el
dinero del salario del marido no alcanzaba para poder mantener su casa. “Tuve
muchísimas entrevistas, algunas eran buenas y otras eran sueldos miserables”,
se lamentó. “Sin embargo, no me llamaban y eso que tengo muchísima experiencia
en el área de salud”, dijo.
En muchos
casos, a las empresas contratantes no les interesa ni la idoneidad ni la
experiencia del contratado. Sólo buscan pagar sueldos bajos. La mano de obra
barata, como se suele decir. Y mucho menos, que la persona que contratan pueda
llegar a ausentarse porque el termómetro indica que su hije tiene fiebre, o que
llamen del colegio para avisar que la nena se cayó y está sangrando.
La búsqueda laboral para Malena fue desesperante. “Fui al sindicato de camioneros, el sueldo era malo pero, de última, lo necesitaba. Me dijeron que me iban a llamar cuando mi hijo tenga un año y un día porque no querían pagarme la hora de lactancia”, exclama indignada y agrega “me volvieron a llamar un día antes de que mi hijo cumpliera un año”.
La realidad
en la que las mujeres estamos inmersas nos lleva a recibir discriminación en
todos los ámbitos. Nos discriminan cuando no encajamos con el canon de mujer
hegemónica. Nos discriminan cuando decidimos no ser madres. Nos discriminan
cuando lo somos y nos encargamos de la tarea doméstica no remunerada. Nos discriminan
cuando nos despiden de los trabajos porque tenemos que ir a darle la teta a una
nuestros hijos. Nos discriminan cuando no nos informan nuestros derechos en los
trabajos como personas gestantes. Nos discriminan por el simple hecho de ser
mujeres. Es esa discriminación la que conlleva que las mujeres seamos aún más
pobres que los varones.
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